domingo, 18 de mayo de 2014

¿Qué es un imperio?

Un imperio es una construcción política en la que un Estado domina sobre otro/s. En su núcleo, el imperio está gobernado por el emperador, o su equivalente según la cultura de la que hablemos. Aún así, muchos Estados sin emperador han sido llamados Imperios a lo largo de la historia.

La idea de dominación de un estado sobre otro es tan vieja como los primeros asentamientos permanentes humanos. Las primeras ciudades-Estado trataron de crecer apoderándose de las zonas de influencia de sus vecinos. En caso de tener éxito, un primer gran "Estado" podría haberse formado, pero más común era que el agresor pasase a ser el Estado-núcleo, ejerciendo su influencia sobre una serie de Estados periféricos semi-independientes. Esto es conocido como una etapa transitoria en el camino a la construcción de un gran Estado. Obviamente, el núcleo constituía el máximo poder en la región, y mantenía al resto unidos usando su poder de coerción.

Veamos un ejemplo. Esparta era la cabeza de una liga de Estados, pero no tenía insterés en interferir en los asuntos internos de cada uno de ellos. Atenas, al contrario, forzó y supervisó la implantación de la democracia ateniense en los Estados miembros. Esparta era un Estado hegemónico, el más fuerte de un grupo, mientras que Atenas era intervencionista y casi podemos decir que proto-imperial. El hecho de que Atenas reemplazase a los tiranos por democracias no afecta a la naturaleza imperial de estas relaciones.

Un imperio es una relación desigual entre un estado central y una periferia compuesta por uno o más Estados controlados desde el núcleo. 

En el nivel más simple, control significa ocupación militar, u otra forma de intervención política, pero también puede abarcar influencias de tipo económico o cultural. La presión económica, por sí misma ha bastado en casi todos los casos para manipular a los gobiernos. La religión, la ideología u otras fuerzas culturales han acompañado habitualmente a la dominación política y económica.

Sin embargo, la cultura de la periferia, puede ejercer su propia fuerza y amenazar con absorber al poder ocupante. El caso más famoso es el de la conquista mongola de China, donde la cultura de las estepas fue rápidamente absorbida por la enormemente desarrollada cultura china. Por tanto, el imperialismo cultural, no es necesariamente un componente esencial de los imperios, aunque sí es bastante común.

De hecho, el factor cultural no existe por sí mismo, dada la dificultar de definir donde empieza una cultura y donde acaba otra, ya que en zonas de contacto las culturas suelen entremezclarse, siendo difícil trazar una línea divisoria exacta. En tiempos modernos, las fronteras y la creación de los Estados-nación han tratado de solucionar esto, formando un Estado central que estandarizó el idioma y otros aspectos de la cultura de una forma que alienaron a las regiones periféricas. 

Para explicar cómo los imperios se han alzado, resistido y caído a lo largo de los milenios, deben ser examinados el núcleo, la periferia y la situación internacional.
Tenemos que mirar al núcleo para conocer los motivos de la expansión, desde el sueño de imponer una paz imperial sobre Estados belicosos, hasta el deseo de la explotación económica, pasando por la sed de gloria o el fanatismo religioso e ideológico.
Por su parte, la periferia es el lugar en el que buscar la resistencia o el crucial colaboracionismo. El destino de muchos imperios ha dependido de líderes periféricos que decidían que situación les beneficiaba más en su interés personal. 
Habitualmente el núcleo explica la razón del nacimiento del imperio, y la periferia la razón de su duración en el tiempo.
Ejemplos de imperios en el mundo antiguo: Babilonia, Sumeria, Asiria, Egipto, Persia, Macedonia y el más conocido, Roma.