jueves, 9 de octubre de 2014

De viaje por China I: Montaña Taishan


Hoy me gustaría recuperar una de mis mejores anécdotas sobre viajes, un día en el que estuve al límite tanto física como mentalmente, y es que la montaña Taishan, o monte Tai, supone una prueba dura para aquellos visitantes que quieran hacer su recorrido a la vieja usanza.

Se trata de una de las 5 montañas sagradas de China, con 1500 metros de altura y una subida de 7km desde su base hasta la cima. Habrá quien lea esto y piense que 7km de subida no es para tanto, pero hay que tener en cuenta que en su parte final el viajero deberá subir 6600 escalones dispuestos con una gran inclinación, lo cual sin duda afectará y mucho al cansancio físico, e incluso llega a crear la ilusión de que no tiene final. 

Para los más perezosos me veo en la obligación de decir que existen formas alternativas de coronar la cima y ver el "amanecer chino". Se ha construido un teleférico que transporta a los viajeros desde el principio del recorrido hasta la cima, y además hay una línea de bus que te lleva por carretera hasta la mitad de la montaña (más o menos). Sobra decir que se desaconseja utilizar estos medios si quiere disfrutar de la experiencia original, porque además de ser bastante caros (estamos en un blog sobre viajar barato), destruyen esa sensación de enorme satisfacción personal que se tiene al llegar a la cima, después de muchas horas de subida. Por otra parte, si se sube el camino completo y se cruza la "puerta de la inmortalidad", dicen los chinos que vivirás 100 años. Entonces, ¿no merece la pena un poco de esfuerzo?

Haciendo caso al sentido común, decidimos subir de noche, ya que el calor, el sol y la humedad te pueden jugar malas pasadas (y China no es el mejor país para enfermar). Nos alojamos en un albergue de la YH (más o menos 15€ cada uno), que estaba situado bastante cerca del punto de partida. Llegamos al mediodía y pasamos la tarde reponiendo fuerzas. Cuando llegaron las 10 de la noche nos dispusimos a salir del albergue (que sería como nuestro campo base para dejar nuestras mochilas). Nos armamos con nuestros bastones, y nada más poner un pie en la calle comienza a caer un enorme diluvio, que casi no nos daría tregua en toda la noche. Como corría el agua a raudales pronto se nos mojaron los pies, lo que al final nos pasaría una factura enorme, ya que caminar con los pies mojados destroza los piés. Al llegar al pie de la montaña ya estábamos mojadísimos, pero sin perder el ánimo pagamos una pequeña tasa por entrar al camino y empezamos la subida!. Las siguientes 5 horas y media las pasamos subiendo por esos senderos oscuros, usando unas pequeñas linternas para no tropezar, y sufriendo una constante lluvia que si os digo la verdad acababa por minar la moral. Hicimos paradas cada cierto tiempo para beber (hay como unos checkpoints con luz donde venden agua y comida), pero en general llevamos un buen ritmo y los chinos con los que nos cruzábamos (sí, solo chinos, a ningún occidental se le ocurrió subir a esas horas), se sorprendían de nuestra predisposición a hacer el camino completo. 

Tras subir los interminables 6600 escalones de la recta final, llegamos a una explanada, ya todos desharrapados y más muertos que vivos, pero lo habíamos conseguido! La satisfacción fue enorme, y más al ver que la gente que había subido en teleferico se estaba aburriendo bastante (y congelándose de frío) tras esperar toda la noche hasta la hora del amanecer. Al estar tan mojados, nos metimos en nuestros sacos y nos desnudamos para entrar en calor y "dormir" media hora. El cansancio era máximo y las piernas nos dolían, pero cuando vimos ese precioso amanecer desde lo alto de un mirador, todo por lo que habíamos pasado se esfumó de repente y nos pasamos la siguiente hora embobados con esos paisajes a la luz del nuevo sol.

Como punto final os diré que la bajada (ya de día) la hicimos andando, aunque esta maniobra, que es más de tontos que de gente sabia, no la hace casi nadie. Aún así conocimos a un estudiante chino que tampoco había tenido "suficiente" con la subida, y hay que decir que resultó ser un compañero de caminata muy hablador y sociable. Mientras bajábamos, comprendimos que subir de día tenía que ser muy desesperante, con esa visión eterna de un camino sin final delante de uno. También nos sorprendimos de la distancia del camino recorrido la noche anterior, y es que de noche hasta parece que has andado menos!

Si viajáis a China y queréis hacer algo distinto, os recomiendo encarecidamente que visitéis esta parte del patrimonio de la humanidad.